jueves, 5 de enero de 2017

Las mayores adicciones en la era digital

La era digital llegó a nuestras vidas, como dice una famosa canción, "casi sin darnos cuenta", o al menos no al ritmo al que deberíamos haberla asimilado. Inunda todo nuestro alrededor y hemos llegado a ser muy dependientes de ella, y eso, por desgracia, ha traído algunos problemas.
Sí amig@s, porque, aunque nos ha facilitado la vida y creado expectativas hasta hace poco sólo soñadas, la tecnología también ha mostrado su cara menos amable, y ha dado pie a la creación de una serie de adicciones a las que se llega en un suspiro, sin tener demasiada consciencia de ello, y que ha afectado principalmente a los jóvenes, forofos de todo lo nuevo y puntero.


La afición a las TIC y por ende a Internet está presente en cualquier lugar a donde llevemos nuestra vista, pero de lo que no somos conscientes es de que que hay muchas personas, y también nosotros mismos, que estamos a un paso de caer en una adicción plenamente dicha, y que conlleva muchas otras consecuencias. La dependencia del móvil para recibir mensajes, actuar en las redes sociales y acceder a la información de forma instantánea está creando adolescentes con múltiples problemas de sociabilización y autoregulación, al no tener unos filtros que los ayude a procesar y refrenar todo un mundo un posibilidades.
Y si para nuestros jóvenes ha sido el excesivo uso de internet el problema, para los mayores el problema ha sido el cibersexo. Para los clásicos consumidores de porno y cultura erótica, la fantástica oferta de internet, gratis y sin ataduras, ha resultado un sorprendente descubrimiento que, por contra, no ha beneficiado a aquellos de naturaleza compulsiva, que se han visto totalmente libres en ese panorama sin nada que los refrenara y pusiera unos límites razonable; como con todo, el abuso nunca es bueno, y la adicción al ciberporno y al cibersexo ya no es algo tan extraño ni desconocido.
Por eso, lo mejor es usar todo con mesura, y aunque todo lo relacionado con las nuevas tecnologías es siempre apasionante, no debemos dejar de echar un vistazo hacia atrás y procurar seguir disfrutando de todo aquello con lo que disfrutaban nuestros padres y abuelos, quizá no tan atrayente pero sí más sano y natural.